22 días desde
Peregrinación Medjujoven 2013

19 días desde
Medjugorje Youth Festival 2013

Algunos de los que ya han hecho esta peregrinaron han querido compartir aquí su experiencia:


Cuando pise Medjugorje, al principio no sabía cómo reaccionar viendo a tantos jóvenes cantando y bailando y dando gracias a Dios. Pero cuando tuve la oportunidad de estar contemplando la Custodia… comprendí la alegría de ser cristiano. Medjugorje es mi casa y sé que volveré a casa. Dios me está dando sellos en el corazón que nunca se borran. Yo sé que cuando esté triste o deprimida o enfadada con lo que sea, la experiencia que viví allí me hace revivir de nuevo y me hace recordar que Dios nos quiere con locura a todos.
La Madre nos espera con los brazos abiertos. 
 
DEBORA, 19 años 
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Ha sido uno de los viajes más bonitos que he realizado en mi vida. Yo sigo pensando que la virgen me invitó a ir a Medjugorje para que la conociera, a pesar de que hacía muchos años que no rezaba y no entraba en la Iglesia. Todos los días recuerdo esas sensaciones y la amistad que hemos compartido allí y en los demás sitios por los que fuimos. Sigo asimilando y recapacitando todo.

JOSE LUIS, 38 años

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Conocía la Iglesia y el Amor de Dios pero seguía buscando mi lugar, iba picoteando de un lado a otro. Cuando llegué a Medjugorje supe que allí estaba en esencia lo que buscaba, lo mismo que conocía dentro del corazón de la Iglesia, lo esencial: La Virgen y sus hijos, alrededor del Altar, la Iglesia viva. Respiré a pleno pulmón y mi corazón descansó. Fui astuta y "dialogué" con la Virgen, le eché un pulso y fui sencilla: Ella ganó. Me curó varias heridas y se encargó personalmente de llevar allí a las personas que más me quieren en todo el planeta: mis padres. Aprendí que Ella se encarga de todo, si le dejo hacerlo. Desde entonces, nuestra vida cristiana crece, seguros de que nos acoge la Madre. Desde entonces crece en mi el deseo de convertir mi corazón cada día al Señor. Peregriné a Medjugorje y volví, pero María se quedó conmigo. En mi casa. Y Ella misma se encarga de que no olvide lo esencial. Me lo recuerda con frecuencia porque no está en MEdjugorje ¡¡está en el Cielo!!. Lo que pasa es que allí, yo creo que tiene linea directa :) Y en mi caso, lo necesitaba. No la oía bien con tantas interferencias y con interrupciones. 

RAQUEL, 27 años

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Él nunca me quitó el ojo, Él me llevó al desierto durante años y me quitó la escafandra y me quitó los guantes y me dijo que no tenía que tener miedo de nada ni nadie porque Él ESTABA CONMIGO TODOS LOS DÍAS DE MI VIDA y esto me lo ha confirmado en Medjugorje. Así que adelante! 

ISABEL, 30 años

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Aún sigo asimilando todo lo que he vivido en Medjugorje. Allí fui buscando respuestas y las encontré. Jamás había sentido tan cerca a Dios y a la Gospa. Siento una gran paz interior y una alegría inmensa que me invade. No puedo explicar el gozo que me proporciona la oración y la unión íntima con el Señor. En mi mesita de noche tengo a la Gospa que me da fuerzas y vitalidad para vivir. A ella le doy gracias por haberme llamado y haber podido conoceros y vivir esta experiencia. 

MIGUEL ANGEL, 38 años

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Éste verano ha sido la tercera vez he ido hasta allí. Y como en los anteriores viajes me he traído un regalo de mi Madre. La Virgen María nunca defrauda.

Es cierto que no me ha dado lo yo quería, pero sí lo que necesitaba. Ella es Madre y sabe mucho más que nosotros, sabe lo que nos hace falta MUCHO MEJOR QUE NOSOTROS MISMOS y nos lo da, aunque eso que nos da no sea lo que queremos. ¡Cuántas veces los niños pequeños le dan la lata a su madre pidiéndole algo, y su madre sabe que lo que más necesita su hijo es precisamente no darle lo que le está pidiendo!

Pues así hace la Gospa con nosotros. No me ha dado lo que quería, pero sí lo que me hacía falta. Ahora sólo queda que yo lo ponga en práctica. 

MIGUEL ANGEL, 47 años

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Soy profundamente feliz desde Medjugorje 2010 y externamente todo sigue igual. Bueno, no todo: desde que llegué a mi casa, cambió el rincón del salón (ahora lo preside La Gospa, con un Crucifijo, la Sagrada Biblia abierta, el Rosario y... una piedra del Krizevac, la beso cuando sufro o algo se me hace especialmente costoso-); mis padres, hermanos y más familia, y amigos y conocidos oyen hablar con pasión de La Gospa y de la oración del corazón; también busco cada día rezar delante de un Sagrario e intento no dedicar ni un segundo a la preocupación, sino que, directamente, cojo el Rosario -que llevo siempre a mano- y rezo con alegría; también, en lugar de quedarme interiormente en sufrir por amor, digo de corazón "Señor, no se haga mi voluntad, sino la Tuya" y también busco, con calma, pero realmente, mi lugar en la Iglesia. 
 
BEATRIZ, 33 años 
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Cuando volví de Medjugorje no sentía nada especial y no creo haber vivido grandes experiencias. Sin embargo he ido notando un mayor alegría en los últimos días. Se me quedaron grabados algunos mensajes, sobretodo el del día 2 de Agosto. Me estaba hablando a mí. También algunos testimonios como el de las Hermanas Guadalupanas, la sobriedad del harapo de S. Francisco de Asís, la alegría de las hermanas del convento de Sigena y la libertad de las hermanas del convento de Aguilera. Creo que allí vi la mayor felicidad que se puede ver en unas mujeres. Me quedo con esas cosas y disfrutar de todos vosotros.

Yo no sé porque fui a Medjugorje pero ahora noto más alegría que antes y me aferro a la oración para estar junto a Ella y junto a Él. Bendita sea la Virgen María y el Señor. Sentir que me quedo con menos, más pobre sabiendo que Dios me ha hablado de nuevo, que me está guiando. Bienaventurada Virgen María. 

RODRIGO, 42 años

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Yo también he vuelto transformada por la Virgen, feliz, con una sed insaciable de rezar que hace que me vaya metiendo en todas las iglesias que me encuentro por el Centro de Valencia. Voy con la sonrisa puesta rezando el rosario por la calle, tatareando las canciones, contándoles a todos mis amigos lo que hemos vivido en Medjugorje y los mensajes de la Virgen, y pasan cosas que se van notando en mi interior en muchos detalles, porque eso de que te regalen la gracia de rezar con el corazón le permite a la Gospa hacer de las suyas...

La Gospa consigue que llegue a abandonarme y poner mi vida en sus manos. Esto me ha dado una gran Paz y Esperanza, esta que sentíamos la última noche en el Prodvro al rezar el Rosario delante de la estatua blanca. Ella me invitó a hacer un gran pacto, rezo para que no me suelte de su mano. El milagro es discreto pero fulminante, y es que hay preocupaciones que pasan a un segundo plano y la Virgen consigue que me centre en lo que es verdaderamente importante: la oración, los sacramentos y la adoración, el ayudar a los demás, el ofrecer los malos ratos..... esto te cambia la vida, hace que te replantees muchas cosas, hace que lo mismo que hacías antes, ahora lo hagas mucho más intensamente. A la vuelta de Medjugorje, sin yo hacer nada, no paro de tener a la Virgen mucho más cerquita y de darle las gracias todos los días por todo lo que me regala, que es mucho. 

VICTORIA, 36 años

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He vivido un retiro espiritual en el que no hay que estar callado para escuchar la voz de Dios; ésta la percibo en la sonrisa y en los testimonios de otros peregrinos, nuestros iguales, que indican caminos que nos llevan a Dios o nos espolean a inventar el nuestro propio con paso firme; en las oraciones que no sólo se rezan, también se cantan y bailan, como queriendo hacer sonreír al Cielo; El Cielo sonríe al ver movimientos corporales y canciones que expresan muy bien universalidad de la Iglesia aliñadas con el vuelo de banderas de todo el mundo, bonita señal del sano orgullo patrio. Sin estar a solas estoy a solas con Él y todo me lleva a Él. Soy un único protagonista. Es un encuentro personal -en forma de divertido festival- montado sólo para la salvación de mi alma.

Y las emociones no se terminan: La Virgen nos dice ese mismo día en ese mismo lugar: Queridos Hijos: Hoy os invito a que junto a mí, empecéis a construir en vuestros corazones el Reino de los Cielos y a olvidar lo personal, y guiados con el ejemplo de mi Hijo penséis en lo divino. ¿Qué es lo que Él quiere de vosotros? No permitáis a Satanás que os abra los caminos de la felicidad terrena, los caminos en los que no está mi Hijo. Hijos míos, éstos son falsos y duran poco. Mi Hijo es el que es. Yo os ofrezco la felicidad eterna y la paz, la unidad con mi Hijo, con Dios, el Reino de Dios. ¡Os doy las gracias! ”

Es un cariño el de la Virgen que enamora, conquista y convierte; nutre de deseos y libera el corazón; arrastra y empuja a ponerle fe a todo; cariño que convence y predispone a concretar propósitos de cambio visceral, de dejar de hacer lo que hacemos y empezar una vida radicalmente distinta. ¡Qué bonito es pensar que Ella hace suyo, con lo que ello supone, este proyecto de cambio a convertirnos en Hombre Nuevo!

Noto que, inmerecidamente, soy el blanco de las gracias de Dios, quien quiere que mi alma se purifique mediante la Confesión, un desaguadero estupendo, que me llena de paz y me deja ver en mi vida es un frondoso campo en el que trabajar: “Sé Santo como tu Padre Celestial es Santo”. Ya no hay escusas, todo es posible, todo está en mi mano. Y no puedo ocultar mi sonrisa como tampoco mis lágrimas.

Busco momentos que me roben el aliento y los encuentro. Los encuentro y disfruto cada vez que recibo al Señor y le adoro. Uno entiende el porqué del enfado de Satanás cuando me ve de rodillas poniendo el corazón como alfombra para el Amor de los Amores.

El Señor me lleva al Tabor pero también me muestra el sufrimiento en su plan. El viaje, como respuesta a una cariñosa llamada de la Virgen María, empieza y termina en Madrid pero con un claro destino último: el Krizevac donde me espera Jesucristo agonizando. Me doy cuenta que mi vida es cruz: ¡Señor quiero llegar a ti, llevando con garbo y alegría la cruz, para poder pedir lo que pidió el Ladrón arrepentido: que al mirar tu rostro cara a cara, sea feliz viendo tu gloria! 

MANUEL, 40 años
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Mi testimonio surge desde el anterior viaje a Medjugorje en 2009, no pensé que mi vida se iba a poner tan patas arriba como lo estoy viviendo. Fui a Medjugorje a encontrar paz, no esperaba milagros, ni ver la Virgen, ni cosas externas, sino encontrar la paz.

Antes de ir a Medjugorje, siempre había sido muy religiosa, pero todo estaba tan mal en mi vida que dejé entrar la amargura, tanto así, que estuve con tratamiento para la depresión, a punto de quitarme la vida y renegué de Dios porque se había olvidado de mí. Mi matrimonio estaba a punto de romperse por parte de los dos, pedí la nulidad matrimonial, pero muchos sacerdotes se ofrecieron a ayudarme. A uno de ellos le conocí en el 2009 en la fiesta para el viaje a Medjugorje. La Virgen nos llevó a mi marido y a mí a la dichosa fiesta que en verdad no tenía ningún deseo de ir. No es casualidad que estuviésemos allí, fue la Gospa que estaba haciendo de las suyas. Desde ese día entró en mi corazón ir a Medjugorje. Pero mi marido no quiso….. Yo hice todo lo posible por ir, hasta que por fin logré embarcarme hacia Medjugorje.

Sólo buscaba la paz, porque era lo que mi corazón necesitaba. No quería ver apariciones, ni videntes, ni cosas extraordinarias porque no creía en ellas. Al subir al Krizevac rezando el viacrucis, poner unas piedras en la cruz me pareció ridículo en ese momento, pero me dije: “bueno si estas personas creen y se arrodillan pues haré lo mismo y pondré las piedras y pediré, a ver qué pasa”. Una de aquellas piedras ERA MI MARIDO.

Al llegar de Medjugorje, me quedé sin trabajo. También veía peor mi situación en mi matrimonio pero yo tenía otra actitud, estaba llena de paz y confiaba en el Señor. A lo largo del año la Gospa puso un ángel en nuestro camino, un sacerdote que insistía en nuestro matrimonio, venía a casa a vernos los sábados, aunque al principio la verdad no quería ni verle. Pero poco a poco, el Señor fue calando en nuestros corazones, hasta que un día nos dijo: “Jesucristo dice que tenéis que ir a la peregrinación de Medjugorje” CUÁL FUE MI SORPRESA… que hasta me dio risa….y este sacerdote… ¡por qué dice esto! si lo de Medjugorje está preparado y no hay plazas. Además el padre no sabía ni cuándo era la peregrinación.

Sinceramente, no quería ir porque requería de preparación, mi marido tenía que pedir permiso en el trabajo y lo más evidente no habían plazas. Esperé hasta el lunes para llamar al organizador para que me dijese no hay plazas y así tener una excusa. Pero, La Gospa lo prepara todo, al final fue posible. Y claro esta vez iba a ir con el pedrusco. La Gospa estaba haciendo de las suyas.

Nos embarcamos en la peregrinación del 2010 a Medjugorje sin saber lo que nos esperaba. Recibimos muchas gracias, especialmente la conversión mía y la de mi marido, quien siempre me acompañaba a los grupos pero a hacer acto de presencia. La Gospa le mostró muchas cosas, ya que se consideraba ATEO. Pero lo más importante, lo llamó a respetar los sacramentos de la Iglesia y por primera vez en su vida lo vi confesarse. El nunca creyó en que existía pecado y que por qué tenía que hablar con otra persona igual a él para contarle qué, pero no lo hizo por darme gusto, sino porque algo dentro de él se movió a hacerlo.

Durante toda la peregrinación, empezaron a surgir cosas dentro de cada uno de nosotros. En el KRIZEVAC Jesús y la Gospa me mostraron cómo estaba nuestro matrimonio cuando bajaba de allí.

Hoy puedo decir, que La Gospa nos ha dado muchas gracias y una de ellas, es que por primera vez en la vida, mi marido se une a la oración de corazón todos los días conmigo. También comparte de corazón la Eucaristía y todo esto nos ha hecho muy felices porque todo lo ha ido y está restaurando la Gospa y nuestro Señor Jesucristo. 

LIGIA, 42 años.

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No he visto bailar el sol, ni he tenido la oportunidad de embriagarme con el olor a rosas. Tampoco he vivido una curación física milagrosa. Pero lo que sí he sentido es que la Virgen me apretaba fuerte la mano. En Medjugorje, Ella me apretó bien fuerte contra sí. Y, ¿cómo puede ser esto? Muy fácil, porque ya me tenía bien cogida de la mano y sólo tuvo que apretar cariñosamente para recordarme que ahí está.

He sido un pequeño desastre en potencia toda mi vida, una católica de bote como dicen algunos. Sabía lo que dice la Iglesia, lo que piden los mandamientos de la Ley de Dios y el Magisterio de la Iglesia, iba a misa semanalmente, tenía un grupo de oración y me apuntaba sin dudarlo a todas las peregrinaciones y “saraos” de la Iglesia que el tiempo y el dinero me permitían. Pero en definitiva, no era más que una católica de herencia, bastante activista y, muchas veces, con una religión adaptada a mi forma de vida.

La gula (no sólo en las comidas, que también J, sino en todo lo que se puede comprar con dinero: ropa, viajes, libros, cosméticos, copas…), la pereza, la impaciencia y la ira, entre otras muchas faltas y alguna que otra virtud, eran mis compañeros de viaje.

Pero el Señor nos pone pruebas para hacernos tambalear y así hacer que caigas irremediablemente en sus brazos. Y conmigo se cebó! Tras casi un año muy duro fuera de Madrid, tras 9 meses en los que la soledad amanecía y se acostaba conmigo cada día, volví a casa muy revuelta en mi interior, sin saber qué quería o qué iba a hacer conmigo misma, pero lo que sí sabía era lo que no quería, que mi día a día no fuera igual que antes de irme.

Aprendí a valorar el tiempo, para estar con mi familia, amigos, convencida del plan elegido; a decir que no en el trabajo; a tener tiempo para mí y para los demás de forma organizada; en definitiva, a no hacer planes sin ton ni son, ni a ir corriendo sin parar y sin disfrutar. Nunca pensé que esos 9 meses habían servido de algo, pero ahora pasado el tiempo, sé que fueron el comienzo de todo lo grande que me esperaba.

En esa idea de organizar mi vida de una manera más “madura” no sólo estaba la parte de decir no a la vida desordenada; sino dar un paso más en el compromiso, decir sí a la Oración y a la Comunión diaria. No parecía fácil, no era nada fácil!! Y el Señor me tendió una mano.

Un 21 de noviembre de 2009, casi un años después de volver a Madrid, cuando salía de la Ordenación de Diácono de un buen amigo y modelo de vida, vi claro que no sólo tenían que estar esas ganas de cambio en mi cabeza, sino verse reflejadas en mis actos del día a día. Era sábado y después de haber estado más de 3 horas en la Catedral de la Almudena celebrando la bendición de una vocación, había tardado minutos en cambiarme la careta y me largaba de copas a beber, mantener conversaciones sin interés y hacer el ganso hasta las tantas… Eso no se sostenía, así no podía dar el sí definitivo a Cristo. Por lo que torpemente le pedí ayuda y me puse en camino hacia Él. Mientras el Señor hacía de las suyas. El día anterior me había presentado, sin yo saberlo aún, al que iba a ser instrumento de mi invitación a Medjugorje.

Pero también por esas fechas me tentaron con un viaje a Siria, otra “herramienta” que el Señor ha puesto en mi vida para acercarme a Su voluntad. Íbamos a dar testimonio de la JMJ y a visitar los lugares santos de la vida de San Pablo durante las Navidades. El 4 de enero, en una pequeña aldea llamada Sednaya, en medio del desierto sirio, en el convento de Nuestra Señora de Sednaya, en una pequeña capilla conocida por acoger un icono de la Virgen pintado por S. Lucas, allí conocí a María.

Quiso el Señor que Su Madre se me presentara y, con una caricia maternal, acogerme en su seno para no soltarme más, y ofrecerme un refugio al que ir cuando esté cansada y desorientada (porque nadie ha dicho que decir sí es fácil!). Me tendió Su mano y gracias a la preparación que el Señor había hecho en mi corazón, me atreví a cogerla y agarrarme fuerte. Lloré, lloré tanto que me escocían los ojos, pero qué tranquilidad, qué descanso. Desde ese momento mi cruz la llevábamos entre 2, María y yo, qué diferencia!!

7 meses después, respondí a la invitación de María para ir a Medjugorje. Y el viaje ha sido una continuación de lo que el Señor me regaló en Siria, como si la peregrinación a Siria no hubiera acabado el 10 de enero, sino el 12 de agosto en la plaza de las Ventas.

El viaje en sí, es cansado, más de 5.000km en bus, durmiendo en 9 sitios diferentes, la mayoría de las noches en campings, en tienda y saco, y comiendo de aquella manera. Pero al final, todo esto es lo de menos, pasa a un segundo plano frente a las amistades que han surgido gracias a todas esas horas de autobús… lo “incómodo” une!

El grupo ha sido una pasada, en especial los jóvenes que hemos hecho mucha piña, aunque cada uno teníamos nuestra historia, bien distinta de las demás. Vidas muy dispares, pero que han favorecido para converger en Cristo y María gracias a la Oración.

El plan en Medjugorje, durante el Festival de jóvenes, ha consistido en testimonios y conferencias de 9-12h, más testimonios de 16-18h y rezar de 18-22h (muchos días hasta las 2-3h!!). Sí, una pasada, 4 -5 horas rezando seguidas (Rosario, Santa Misa y Exposición del Santísimo), que nos mantenían a casi 50.000 jóvenes conmovidos. 5 horas que sabían a poco.

Así que las horas “libres” íbamos a más conferencias (testimonios de videntes, charlas con comunidades religiosas) o rezábamos más (Rosario y Vía Crucis en el Podbrdo y Krizevac) o rezábamos aún más (Liturgia de las Horas en el apartamento de las hermanas o de pie en una esquina, o ratos de oración personal ante el Santísimo expuesto en la capilla pequeña de la Parroquia).

La verdad es que cada día nos sabía a menos lo rezado, meditado y disfrutado; la adoración ante la Sagrada Forma o el Sagrario la sentíamos hasta casi más necesaria que la comida o el descanso. Creo que el sentimiento es parecido a cuando estás enamorada. Te faltan horas para estar con el otro, compartir momentos, contarle cada detalle… Pero la ventaja es que con el Señor, si queremos, no hay separación en ningún momento, puede estar siempre en nuestro corazón.

El camino de regreso a España otro lujo. Loreto, Roma, Asís, Siena, Sigena y la Aguilera. Los nombres hablan por sí solos! Pero hay que regresar siempre a casa. Lo fácil y cómodo sería alargar la peregrinación, pero lo valiente es volver y dar testimonio con nuestra vida en medio de la vorágine que nos rodea, ofreciendo al Señor las dificultades, para que se conviertan en frutos de nuestro testimonio. Volví convencida de que no es indispensable experimentar los signos externos de los que tanto habla la gente para vivir la presencia de María en Medjugorje, sino sólo responder a su llamada con humildad y un corazón vacío donde Ella pueda entrar para quedarse.

A las palabras que uno de los peregrinos dijo el día de los testimonios “Dios existe”, yo sólo puedo añadir “¡María también y me lleva de Su mano!”

RAFAELA, 35 años

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Quiero agradecer de corazón el haber compartido con vosotros esta maravillosa experiencia. Dios escribe en renglones torcidos, a veces creemos que se olvidó de nosotros y con este viaje veo no solo que me ama, me siento su ojito derecho porque me ha dado la oportunidad de recibir este abrazo de la vida, de ÉL, me siento privilegiada viviendo lo que he vivido allí, es inexplicable.

Todo comenzó un día cuando de repente, sin comerlo ni beberlo, me llaman para ir a Bosnia. ¿Qué pintaba yo allí? No sabía, pero algo me decía que tenía que ir, sentí que la Virgen me llamaba.

Lo que viví en Medjugorje no puedo expresarlo, solo puedo decir que encontré la paz con Dios y acepté muchas cosas de mi vida. Sentía y siento a la Virgen en todo momento conmigo, no tengo miedo, no estoy sola. Ahora mismo veo que Dios me ama, nunca me ha abandonado, me cuida y mima. Puede que vengan más dificultades en mi vida, pero ¿sabeis? no tengo miedo, que la Virgen haga conmigo lo que quiera, en sus manos le doy mi vida, mi espíritu, teniéndola a ella sé que no me va a pasar nada malo, y si tengo que aprender pues....adelante!!!

MACARENA, 28 años
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Desde que estuve en Medjugorje, empezó para mí un auténtico carrusel de experiencias sorprendentes, que no eran lo que yo iba buscando, pero que pronto comprendí que sí eran lo que yo necesitaba para dar un verdadero vuelco a mi vida. Yo, como casi siempre, tenía 'mis' planes, y descubrí que estaba haciendo el ridículo con esa actitud. El Señor me regaló, a través de su Santísima Madre, un sinfín de detalles, de caricias; me cogió de la mano y me dijo: "...mira por ese agujerito, hijo mío. ¿Ves? Así es el Cielo. Y esto es lo que Jesús quiere que hagas..."

No tengo ninguna duda de que Medjugorje, y todo lo bueno que allí ocurre, es de Dios, porque Él me ha tocado el corazón. He conocido en primera persona lo que quiere decir el Santo Padre Benedicto XVI en su encíclica 'Deus caritas est' cuando habla de ese 'encuentro personal con Cristo'. He sentido, he vivido, y sigo viviendo, lo que significa Paz, lo que es tener el corazón lleno de Dios; y sé que si Él está dentro, no cabe nada más.

A mi vuelta a España, todo es diferente. Todo sigue igual, pero yo lo veo distinto. Veo a las personas con las que me cruzo cada día, y veo en ellas, no a vecinos o a compañeros de trabajo, sino a mis hermanos; a mis hermanos en Cristo. Antes, me costaba horrores rezar; ir a Misa... ¡ni te imaginas! Ahora, no puedo pasar un día sin acompañar al Señor en la Eucaristía, porque también he comprendido lo que es en verdad. Hable con quien hable, aunque yo no lo pretenda, termino hablándole de Medjugorje ¡no puedo -ni quiero- evitarlo!

Antes, me daba pudor rezar el Rosario en público; ahora, recuerdo que allí lo raro es ver a alguien sin Rosario y me digo: "...pero si esto es lo normal..." y lo rezo donde sea, y a la vista de quien sea.
Los mensajes de la Virgen, las cinco piedras, son el Evangelio mismo. Y le doy gracias a Ella y a Nuestro Señor Jesucristo por haberme dado esta oportunidad, este regalo, que sin duda ninguna, ha cambiado mi vida.

Para mí, hay un antes y un después de Medjugorje. Y sé que ahora mi responsabilidad es ayudar a Dios a llevar adelante su plan; ese plan precioso que es lo más, que es lo único, y que tantas y tantas personas, como tú y como yo, se están perdiendo.

RAFAEL, 40 años
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Desde pequeño he tenido la suerte de conocer de Dios y creer en Él, no sólo por herencia familiar, sino también por mi entorno más próximo. Siempre he participado en la misa dominical, en coros, fui a campamentos cristianos, he sido catequista…. Doy gracias a Dios por todo eso, que me fue fortaleciendo en la fe, a pesar de mis altibajos.

Eso es una cosa y, según creo yo, otra muy distinta es creer que la Virgen se aparece en un pueblo perdido de Bosnia. No veía necesario que la Virgen se apareciese, y menos de esa forma, tal como contaban, que más parecía sacada de cuentos de hadas. Además, yo nunca he oído antes hablar de Fátima y Lourdes más que como un sitio donde van las abuelas de la parroquia. Pero cuando oí hablar de Medjugorje, no sé porqué, me atrajo la idea y me apetecía ver qué había en un lugar en el que, según dice la gente “pasan cosas”. Así que la Virgen María, nos llevó para allá.

Los días que estuve allí viví una experiencia maravillosa. En mi corazón quedaron muchas sensaciones y ha quedado una puerta abierta para que Dios entre y haga cosas muy bonitas en mí. Creo que Él me está enseñando “el método” para que no se cierre, más bien, para que se abra más y más. Desde el día que llegué y hasta ahora, he sentido la presencia del Espíritu Santo dentro de mí, que me impulsa a rezar, a ir a misa, etc. Parece como si todo ahora tuviese diez veces más sentido que antes de ir a Medjugorje. De pronto siento una certeza absoluta sobre cosas que hasta entonces me creaban muchas dudas. ¿Quién se iba a creer que la Virgen se aparece a seis videntes?, ¿quién se iba a creer que Pablo de Tarso, de camino a Damasco, persiguiendo a los cristianos, iba a caerse del caballo al ver una luz y desde entonces predicaría el evangelio por toda Europa hasta morir mártir? Después de esto, CREO.

IGNACIO, 25 años
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Fui al viaje sin creer en Dios ni en nada, simplemente porque no tenía planes para pasar el verano, así que decidí ir, pero tampoco sabía muy bien dónde ni a qué. Hoy doy gracias porque nuestra Madre me cogiera de la mano y me llevara hasta allí.

En Medjugorje sentí una paz interior enorme, comprendí que todo los baches de mi vida eran para hacerme más fuerte y más humana, que Dios no me pondría nada con lo que yo no pudiera, así que desde ese momento empecé a disfrutar de verdad de la peregrinación y entendí para qué había ido, que ese sí era mi lugar.

Yo tenía miedo de que a la vuelta del viaje todo quedara en un bonito sueño, que despertara de él y todo lo que había vivido y sentido lo olvidara, pero no fue así, todo lo contrario. Ese viaje fue el principio de lo que me esperaba, solo el principio del camino que me quedaba y me queda por recorrer, un camino lleno de luces, de caricias, de sonrisas, de regalos, de cosas maravillosas, pero a su vez también habría oscuridades, miedos, tinieblas, desalientos, soledad… pero de todo sale algo positivo de lo que aprender y llegar a ver la luz que te una más a Dios.

Ahora tengo que darle las gracias a Dios y a la Gospa por este grandioso regalo que me han hecho, es el mejor que jamás podía haber recibido y desde que he vuelto tengo la necesidad de ir a misa, de rezar, de hablar a las personas de que Dios existe… Este viaje me ha dado la fe que jamás tuve.

PILAR, 27 años

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Aunque lo común es vivir pegados a la Virgen todos los días de la vida ordinaria, conviene de vez en cuando -en momentos significativos- recogernos en lugares donde todo habla de Ella. La Señora lo ha dicho, solo tenemos que abrir nuestros corazones, permitir que Su Hijo entre en ellos y El hará todo lo demás, pero es una paradoja esta libertad que no me permite ser libre, por eso busco la ayuda de la Virgen. Y sé que la verdadera peregrinación está cuando se retorna a casa a vivir el día a día.

La primera vez que oímos hablar sobre Medjugorje fue en el verano de 2007 y aquellas mismas Navidades de 2007 estábamos buscando el lugar en google maps. Y es que en aquellas fechas vivíamos momentos muy duros y el nombre de Medjugorge planeaba en nuestras cabezas, era una especie de llamada que, a la vez, sentíamos mi marido y yo, así que en Semana Santa de 2008 conseguimos un chárter a Dubvronic y para allí fuimos. Lo cierto es que aquella peregrinación no nos dejo defraudados, tal es así que fuimos acumulando cosas que presentar a la Gospa, y para allá volvimos el pasado mes de Agosto, coincidiendo con el festival de jóvenes.

Cuando llegamos a Medjugorje, en la explanada más próxima a la Iglesia nos esperaban dos de nuestros hijos, de 16 y 14 años, llevaban allí dos días; habían hecho el viaje en autobús desde Madrid, 2.500 kms en tres días durmiendo en tienda de campaña y comiendo de bocadillo. Esperaba alguna queja pero me sorprendió ver que estaban felices, muy integrados en el grupo de jóvenes, riendo y cantando entre misa y rosario. La verdad es que aquello me pareció el primer milagro.

Las colas que se forman para confesar entorpecen el paso a la Iglesia y eso que son cientos de sacerdotes confesando. A algunos nos molesta un poco que en las misas haya tantos cantos e incluso bailes y aplausos, pero es llamativa la limpieza, incluso la elegancia, en el vestir de todos los asistentes. En la consagración y en la comunión “se masca” el recogimiento.

Hay quien en Medjugorje ve fenómenos extraños y quien dice que los videntes mienten. Cuando oí hablar a una de las videntes me transmitió alegría, energía y deseos de progresar en la fe; su mensaje condensaba las grandes verdades que siempre ha enseñado la Iglesia. Recordé que leí en el libro "Medjugorje" que el fray Ljudevit Rupcic, profesor de la Facultad de Teología de Sarajevo, había comentado con otro teólogo: "si esto es obra del demonio, ha ocurrido el mayor milagro jamás habido, Satanás se ha convertido".

Pero, en concreto, mis ojos no han visto nada extraordinario, solo mucha alegría. Y... también me he visto yo misma, como reflejada en un espejo y estaba raquítica y flácida al mismo tiempo, pero La Gospa (Nuestra Señora) estaba contenta y me animaba a ponerme en forma, solo se trataba de constancia, un poquito de ayuno, Biblia, Rosario, Confesión y Eucaristía ("las 5 piedras"). Y teniéndola a Ella como entrenadora personal no abandonaré el ejercicio. Espero que no me pase como otras veces que empiezo con muchas ganas y al poco tiempo.... Y es que la convivencia con los chavales de aquellas jornadas me permitió ver que me estaba convirtiendo en una vieja desconfiada y miedosa. Me estaba creando dificultades para ver la luz por mi obsesión de buscar la mancha. … así que, cerré los ojos, me hice pequeña, hinché los pulmones de confianza y dejé reposar el ánimo en aquel ambiente tan saludable, tan limpio, entre aquella gente que esperaba recibir sin obsesión por merecer.

Quiero ser como ellos: niña, confiada, andar sin miedo, sin medirlo todo, ingenua. Y he visto un poco por donde.

MARIA JESUS, 53 años

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El motivo de esta mi segunda peregrinación a Medjugorje ha sido el “encuentro de corazones”. El encuentro entre mi corazón y el Corazón de Jesús, entre mi corazón y el Corazón de María y entre el mío y el vuestro. Este último objetivo puedo decir que lo he logrado. Habéis llegado todos a mi corazón y espero que yo también llegara un poco al vuestro. En cuanto a Jesús y María sabía que Ellos estarán esperándome y que a través de la oración podría sentirme más cerca de Sus corazones. Sin embargo no deja de sorprenderme las tantas demostraciones de amor de la Gospa y sus detalles que tiene con cada uno. Todos tenemos algún “detallito” que contar. Y así llegamos los dos en vuestro autobús. Sin tienda de campaña y sin sacos de dormir. Nos daba igual! Estábamos contentos de ir con vosotros aunque durmiésemos al raso! Pero no hubo necesidad. No nos falto de nada. Gracias por acogernos como uno de los vuestros! Gracias a Ti Madre, por habernos hecho este regalo inmerecido y demostrarnos en cada momento cuanto nos quieres!

ALEX 34 años

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Me han pedido que trate de contar mis impresiones de la peregrinación a Medjugorje, algo que tengo constantemente en el pensamiento, pero que no sé cómo expresar con esta mente desordenada. Iré diciendo a cachitos lo que hay aquí adentro.

Cuando me propusieron hacer esta peregrinación, la verdad es que no quería ir, porque me sentía cómoda con mi vida piadosa y en lucha por aumentar la fe. Pero me convencieron. Me dije: “ya es hora de que a estas alturas de tu vida hagas algo más para buscar al Señor”. Ahora tendría que ponerme a memorizar lugares, fechas y situaciones; pero lo que quiero plasmar es la sensación de paz, la actitud positiva de todos y la alegría. Allí está el Señor.

También quiero recordar el cansancio, las cabezadas y las fuerzas que no se de dónde saqué. Subí con la ayuda de todos aquellas empinadas montañas, llenas de enormes y puntiagudas piedras, mientras hacíamos el Vía Crucis comentado por el sacerdote. En ningún momento pensé otra cosa que en ofrecer al Señor las caminatas, tratando de participar con todos en la oración durante la ascensión.

Al día siguiente tomamos el camino al Podvdro rezando el Santo Rosario. Iguales piedras. Gran silencio y devoción por parte de todos. Seguimos avanzando hasta llegar a un lugar donde se encuentra una estatua de la Virgen que fue donada por una familia coreana, esculpida en mármol blanco de Carrara. Paramos todos a mirarla; yo, descansando en mi sillita, la contemplé con detenimiento. Deseo vivir siempre esa proximidad con mi Madre, la Reina de la Paz. La vi y me sonrió. No sé si con los ojos del alma o con mis cansados ojos, pero la vi, y me transmitió su amor; y me llenó de paz, se serenidad y de amor. Me comuniqué con ELLA sin palabras. Me dijo que mi cruz es esa que no me gusta, quizás es pequeñita, pero que a mí me parece tan grande... Pequeñita, cuando veo tanto sufrimiento, tanto dolor sin consuelo, sin esperanza.

¿Será verdad que he iniciado la segunda parte de mi vida? ¿Seré capaz de no mirar hacia atrás? Sigue siendo todo difícil para mí, pero soy consciente de que el SEÑOR y la MADRE están conmigo y me aman como soy: pequeña, desmemoriada, perezosa y tímida.

FANY, 78 años

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Acabo de volver de allí, de Medjugorje, y sigo desbordado por todo lo vivido estos 15 días que han cambiado mi vida y han marcado un antes y un después, que ahora continúa y comienza a dar frutos. Creo que voy a necesitar tiempo y palabras "nuevas" para poder expresar todo lo que ha ocurrido por aquellas tierras... Siento que debo tener muchísimo cuidado con lo que escribo, porque sé que podría caer en un instante en la vanidad o en la presunción o en el error dogmático... y no me gustaría, ni tan siquiera por un instante, "manchar" el delicadísimo manto con el que la Gospa nos ha arropado a todos los que hemos pasado por allí. Y en parte debería ser sencillo, porque para transmitir lo más significativo que he vivido en Medjugorje, creo que bastan unas cuantas palabras.

La primera es la PAZ, la inmensa, amplia y luminosa sensación de Paz que se siente recorriendo esta pequeña aldea y sus montes (por cierto, la misma Paz interior que pude percibir unos días después en el santuario de Lourdes)

La segunda es el AMOR, la aplastante percepción del desbordante Amor de Dios para todos y cada uno de nosotros, que te cala de arriba a abajo y te recorre milímetro a milímetro, sin dejar lugar a dudas, de que es el mismísimo Señor el que te dirige Su mirada. Por ejemplo, durante las vigilias, donde cerca de 50.000 personas y más de 600 sacerdotes, de rodillas y en un escrupuloso y fecundo silencio, adoramos al Santísimo Sacramento expuesto en una enorme custodia.

La tercera es la TERNURA, la dulce sensación de la presencia de la Gospa, que te desarma con su tierna sonrisa, con el suave gesto de envolverte en su manto, con su delicadeza al arroparte y llevarte hacia su Hijo, todo en Ella conduce a Jesucristo y a la Iglesia. No sé el tiempo que pasé en la colina de las apariciones, arrodillado o sentado sobre esas puntiagudas piedras color tierra, rendido y llorando a los pies de nuestra Madre del Cielo.

La cuarta son los SACRAMENTOS, la necesidad de confesarte, de comulgar, de participar en la contemplación de los misterios del Santo Rosario, de saborear la Santa Misa como nunca, escuchando con devoción las lecturas y los salmos y el evangelio del día, aún con el inconveniente de los casquitos y la traducción simultánea... y la guinda de la Vigilia de Adoración.

A pesar de conocer el fenómeno Medjugorje desde hace ya unos cuantos años, de haber visto muchos vídeos y de leer libros y testimonios, el estar allí desborda por completo los sentidos. Recuerdo ahora de una forma especial la primera tarde del día 2 de agosto cuando pensé en darme una vuelta por el entorno de la Iglesia para hacer fotografías, y como me quedé, al encontrarme cara a cara con las colas de personas esperando confesarse, y ver todo a mi alrededor, debajo de cada árbol, en cada rincón, en cada sombra, o al solazo de las 4 de la tarde, a los sacerdotes con sus letreros en inglés, francés, croata, arabe... Y ver sus caras, y sus ojos, la gente llorando, chicas y chicos jóvenes y no tan jóvenes y los mismos sacerdotes secándose las lágrimas con las mangas de sus hábitos. Lo primero que hice fue guardar la cámara y ponerme las gafas de sol, que no me pude sacar en mucho rato...

Después de la Paz, del Amor, la Ternura y los Sacramentos, tengo por aquí anotadas otras dos palabras significativas: la LIBERTAD y la ALEGRÍA. Van asociadas a la parte final de la estancia en Medjugorje, a la subida con todo el grupo de peregrinos al Kricevac, el monte de la cruz, que supuso toda una avalancha de percepciones mezcladas con la omnipresente Paz que habita en estos lugares.
La subida al monte de la Cruz es, ya desde su base, un auténtico reto físico y mental. La simple visión de las primeras rampas con esa cantidad de piedras afiladas, te pide una clara decisión. El grupo, la comunión entre los que te acompañan, cumple su misión, y te ves enseguida sumergido en pleno esfuerzo, aceptando el camino. Es increíble como al ver las piedras, no sabes dónde vas a colocar el pié y sin embargo a cada paso vas encontrando como un pequeño hueco por donde avanzar. La sensación es que cada piedra está colocada ahí a propósito, y cada uno tiene sus propias piedras donde tropezar y sus pequeños lugares donde reposar. Se nos pide un esfuerzo, pero no un imposible. El rezo del Vía Crucis y las meditaciones del sacerdote van llenando de sentido toda la subida.

En la cima, ante la Cruz blanca, se produce la liberación, la entrega de las cargas, las penas. Las pequeñas piedras que llevaba en las manos y bolsillos se quedaron allí, al pie de la Cruz, que mejor lugar. Poco a poco te invade la Alegría. Y si no es suficiente motivo el hecho de coronar esta cima y acercarte a la gran Cruz que llevas observando durante varios días, te la contagian los cantos y sonrisas de los demás peregrinos, son sólo unos minutillos, porque de nuevo la perspectiva de la bajada te invita a reiniciar el camino.

Al llegar abajo, en contraste con las ansias de estar, de ver, de conocer las respuestas a todas las preguntas, de entender los "por-qué" y "para-qué"... la serena respuesta de Dios, es que nos AMA y nos hace libres, y nos regala la creación entera, todo el mundo por delante, para todos y cada uno de nosotros. En un primer instante, terminada la veloz bajada, nada más pisar el camino ya asfaltado y llano que me conducía a la pensión, me di cuenta de que estaba como nuevo, que me había quedado solo y que no tenía ganas de nada que no fuera vivir y sonreír, no tenía ganas ni de rezar, ni de dar gracias.

Pero enseguida se me puso la carne de gallina, y comprendí el inmenso Amor de Dios que nos entrega todo a cambio de nada… Y en ese instante comienza en mí una gran revolución ante ese Amor sin condiciones. Nace de lo más hondo de mi el impulso que todavía llevo dentro, una nueva perspectiva de mi "relación" con el Señor, la necesidad de corresponder, de entregarme.

JOSE MARIA, 40 años

 

 
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