Estos son algunos testimonios de los que peregrinaron en 2009:

 
 
Quiero agradecer de corazón el haber compartido con vosotros esta maravillosa experiencia. Dios escribe en renglones torcidos, a veces creemos que se olvidó de nosotros y con este viaje veo no solo que me ama, me siento su ojito derecho porque me ha dado la oportunidad de recibir este abrazo de la vida, de ÉL, me siento privilegiada viviendo lo que he vivido allí, es inexplicable.

Todo comenzó un día cuando de repente, sin comerlo ni beberlo, me llaman para ir a Bosnia.  ¿Qué pintaba yo allí? No sabía, pero algo me decía que tenía que ir, sentí que la Virgen me llamaba.

Lo que viví en Medjugorje no puedo expresarlo, solo puedo decir que encontré la paz con Dios y acepté muchas cosas de mi vida. Sentía y siento a la Virgen en todo momento conmigo, no tengo miedo, no estoy sola. Ahora mismo veo que Dios me ama, nunca me ha abandonado, me cuida y mima. Puede que vengan más dificultades en mi vida, pero ¿sabeis? no tengo miedo, que la Virgen haga conmigo lo que quiera, en sus manos le doy mi vida, mi espíritu, teniéndola a ella sé que no me va a pasar nada malo, y si tengo que aprender pues....adelante!!!


MACARENA, 28 años


Desde que estuve en Medjugorje, empezó para mí un auténtico carrusel de experiencias sorprendentes, que no eran lo que yo iba buscando, pero que pronto comprendí que sí eran lo que yo necesitaba para dar un verdadero vuelco a mi vida. Yo, como casi siempre, tenía 'mis' planes, y descubrí que estaba haciendo el ridículo con esa actitud. El Señor me regaló, a través de su Santísima Madre, un sinfín de detalles, de caricias; me cogió de la mano y me dijo: "...mira por ese agujerito, hijo mío. ¿Ves? Así es el Cielo. Y esto es lo que  Jesús quiere que hagas..."

No tengo ninguna duda de que Medjugorje, y todo lo bueno que allí ocurre, es de Dios, porque Él me ha tocado el corazón. He conocido en primera persona lo que quiere decir el Santo Padre Benedicto XVI en su encíclica 'Deus caritas est' cuando habla de ese 'encuentro personal con Cristo'. He sentido, he vivido, y sigo viviendo, lo que significa Paz, lo que es tener el corazón lleno de Dios; y sé que si Él está dentro, no cabe nada más.

A mi vuelta a España, todo es diferente. Todo sigue igual, pero yo lo veo distinto. Veo a las personas con las que me cruzo cada día, y veo en ellas, no a vecinos o a compañeros de trabajo, sino a mis hermanos; a mis hermanos en Cristo. Antes, me costaba horrores rezar; ir a Misa... ¡ni te imaginas! Ahora, no puedo pasar un día sin acompañar al Señor en la Eucaristía, porque también he comprendido lo que es en verdad. Hable con quien hable, aunque yo no lo pretenda, termino hablándole de Medjugorje ¡no puedo -ni quiero- evitarlo!

Antes, me daba pudor rezar el Rosario en público; ahora, recuerdo que allí lo raro es ver a alguien sin Rosario y me digo: "...pero si esto es lo normal..." y lo rezo donde sea, y a la vista de quien sea.
Los mensajes de la Virgen, las cinco piedras, son el Evangelio mismo. Y le doy gracias a Ella y a Nuestro Señor Jesucristo por haberme dado esta oportunidad, este regalo, que sin duda ninguna, ha cambiado mi vida.

Para mí, hay un antes y un después de Medjugorje. Y sé que ahora mi responsabilidad es ayudar a Dios a llevar adelante su plan; ese plan precioso que es lo más, que es lo único, y que tantas y tantas personas, como tú y como yo, se están perdiendo.

RAFAEL,  40 años



Desde pequeño he tenido la suerte de conocer de Dios y creer en Él, no sólo por herencia familiar, sino también por mi entorno más próximo. Siempre he participado en la misa dominical, en coros, fui a campamentos cristianos, he sido catequista…. Doy gracias a Dios por todo eso, que me fue fortaleciendo en la fe, a pesar de mis altibajos.

Eso es una cosa y, según creo yo, otra muy distinta es creer que la Virgen se aparece en un pueblo perdido de Bosnia. No veía necesario que la Virgen se apareciese, y menos de esa forma, tal como contaban, que más parecía sacada de cuentos de hadas. Además, yo nunca he oído antes hablar de Fátima y Lourdes más que como un sitio donde van las abuelas de la parroquia. Pero cuando oí hablar de Medjugorje, no sé porqué,  me atrajo la idea y me apetecía ver qué había en un lugar en el que, según dice la gente “pasan cosas”. Así que la Virgen María, nos llevó para allá.

Los días que estuve allí viví una experiencia maravillosa. En mi corazón quedaron muchas sensaciones y ha quedado una puerta abierta para que Dios entre y haga cosas muy bonitas en mí. Creo que Él me está enseñando “el método” para que no se cierre, más bien, para que se abra más y más. Desde el día que llegué y hasta ahora, he sentido la presencia del Espíritu Santo dentro de mí, que me impulsa a rezar, a ir a misa, etc. Parece como si todo ahora tuviese diez veces más sentido que antes de ir a Medjugorje. De pronto siento una certeza absoluta sobre cosas que hasta entonces me creaban muchas dudas. ¿Quién se iba a creer que la Virgen se aparece a seis videntes?, ¿quién se iba a creer que Pablo de Tarso, de camino a Damasco, persiguiendo a los cristianos, iba a caerse del caballo al ver una luz y desde entonces predicaría el evangelio por toda Europa hasta morir mártir? Después de esto, CREO.

IGNACIO, 25 años



Fui al viaje sin creer en Dios ni en nada, simplemente porque no tenía planes para pasar el verano, así que decidí ir, pero tampoco sabía muy bien dónde ni a qué. Hoy doy gracias porque nuestra Madre me cogiera de la mano y me llevara hasta allí.

En Medjugorje sentí una paz interior enorme, comprendí que todo los baches de mi vida eran para hacerme más fuerte y más humana, que Dios no me pondría nada con lo que yo no pudiera, así que desde ese momento empecé a disfrutar de verdad de la peregrinación y entendí para qué había ido, que ese sí era mi lugar.

Yo tenía miedo de que a la vuelta del viaje todo quedara en un bonito sueño, que despertara de él y todo lo que había vivido y sentido lo olvidara, pero no fue así, todo lo contrario. Ese viaje fue el principio de lo que me esperaba, solo el principio del camino que me quedaba y me queda por recorrer, un camino lleno de luces, de caricias, de sonrisas, de regalos, de cosas maravillosas, pero a su vez también habría oscuridades, miedos, tinieblas, desalientos, soledad… pero de todo sale algo positivo de lo que aprender y llegar a ver la luz que te una más a Dios.

Ahora tengo que darle las gracias a Dios  y a la Gospa por este grandioso regalo que me han hecho, es el mejor que jamás podía haber recibido y desde que he vuelto tengo la necesidad de ir a misa, de rezar, de hablar a las personas de que Dios existe… Este viaje me ha dado la fe que jamás tuve.

PILAR, 27 años



Aunque lo común es vivir pegados a la Virgen todos los días de la vida ordinaria, conviene de vez en cuando -en momentos significativos- recogernos en lugares donde todo habla de Ella. La Señora lo ha dicho, solo tenemos que abrir nuestros corazones, permitir que Su Hijo entre en ellos y El hará todo lo demás, pero es una paradoja esta libertad que no me permite ser libre, por eso busco la ayuda de la Virgen. Y sé que la verdadera peregrinación está cuando se retorna a casa a vivir el día a día.

La primera vez que oímos hablar sobre Medjugorje fue en el verano de 2007 y aquellas mismas Navidades de 2007 estábamos buscando el lugar en google maps. Y es que en aquellas fechas vivíamos momentos muy duros y el nombre de Medjugorge planeaba en nuestras cabezas, era una especie de llamada que, a la vez, sentíamos mi marido y yo, así que en Semana Santa de 2008 conseguimos un chárter a Dubvronic y para allí fuimos. Lo cierto es que aquella peregrinación no nos dejo defraudados, tal es así que fuimos acumulando cosas que presentar a la Gospa, y para allá volvimos el pasado mes de Agosto, coincidiendo con el festival de jóvenes.

Cuando llegamos a Medjugorje, en la explanada más próxima a la Iglesia nos esperaban dos de nuestros hijos, de 16 y 14 años, llevaban allí dos días; habían hecho el viaje en autobús desde Madrid, 2.500 kms en tres días durmiendo en tienda de campaña y comiendo de bocadillo. Esperaba alguna queja pero me sorprendió ver que estaban felices, muy integrados en el grupo de jóvenes, riendo y cantando entre misa y rosario. La verdad es que aquello me pareció el primer milagro.

Las colas que se forman para confesar entorpecen el paso a la Iglesia y eso que son cientos de sacerdotes confesando. A algunos nos molesta un poco que en las misas haya tantos cantos e incluso bailes y aplausos, pero es llamativa la limpieza, incluso la elegancia, en el vestir de todos los asistentes. En la consagración y en la comunión “se masca” el recogimiento.

Hay quien en Medjugorje ve fenómenos extraños y quien dice que los videntes mienten. Cuando oí hablar a una de las videntes me transmitió alegría, energía y deseos de progresar en la fe; su mensaje condensaba las grandes verdades que siempre ha enseñado la Iglesia. Recordé que leí en el libro "Medjugorje" que el fray Ljudevit Rupcic, profesor de la Facultad de Teología de Sarajevo, había comentado con otro teólogo: "si esto es obra del demonio, ha ocurrido el mayor milagro jamás habido, Satanás se ha convertido". 

Pero, en concreto, mis ojos no han visto nada extraordinario, solo mucha alegría. Y... también me he visto yo misma, como reflejada en un espejo y estaba raquítica y flácida al mismo tiempo, pero La Gospa (Nuestra Señora) estaba contenta y me animaba a ponerme en forma, solo se trataba de constancia, un poquito de ayuno, Biblia, Rosario, Confesión y Eucaristía ("las 5 piedras"). Y teniéndola a Ella como entrenadora personal no abandonaré el ejercicio. Espero que no me pase como otras veces que empiezo con muchas ganas y al poco tiempo.... Y es que la convivencia con los chavales de aquellas jornadas me permitió ver que me estaba convirtiendo en una vieja desconfiada y miedosa. Me estaba creando dificultades para ver la luz por mi obsesión de buscar la mancha. … así que, cerré los ojos, me hice pequeña, hinché los pulmones de confianza y dejé reposar el ánimo en aquel ambiente tan saludable, tan limpio, entre aquella gente que esperaba recibir sin obsesión por merecer.

Quiero ser como ellos: niña, confiada, andar sin miedo, sin medirlo todo, ingenua. Y he visto un poco por donde.

MARIA JESUS, 53 años



El motivo de esta mi segunda peregrinación a Medjugorje ha sido el “encuentro de corazones”. El encuentro entre mi corazón y el Corazón de Jesús,  entre mi corazón y el Corazón de María y entre el mío y el vuestro. Este último objetivo puedo decir que lo he logrado. Habéis llegado todos a mi corazón  y espero que yo también llegara un poco al vuestro. En cuanto a Jesús y María sabía que Ellos estarán esperándome y que a través de la oración podría sentirme más cerca de Sus corazones. Sin embargo no deja de sorprenderme las tantas demostraciones de amor de la Gospa y sus detalles que tiene con cada uno. Todos tenemos algún “detallito” que contar. Y así llegamos los dos en vuestro autobús. Sin tienda de campaña y sin sacos de dormir. Nos daba igual! Estábamos contentos de ir con vosotros aunque durmiésemos al raso! Pero no hubo necesidad. No nos falto de nada. Gracias por acogernos como uno de los vuestros! Gracias a Ti Madre,  por habernos hecho este regalo inmerecido y demostrarnos en cada momento cuanto nos quieres! 

ALEX 34 años



Me han pedido que trate de contar mis impresiones de la peregrinación a Medjugorje, algo que tengo constantemente en el pensamiento, pero que no sé cómo expresar con esta mente desordenada. Iré diciendo a cachitos lo que hay aquí adentro.

Cuando me propusieron hacer esta peregrinación, la verdad es que no quería ir, porque me sentía cómoda con mi vida piadosa y en lucha por aumentar la fe. Pero me convencieron. Me dije: “ya es hora de que a estas alturas de tu vida hagas algo más para buscar al Señor”. Ahora tendría que ponerme a memorizar lugares, fechas y situaciones; pero lo que quiero plasmar es la sensación de paz, la actitud positiva de todos y la alegría. Allí está el Señor.

También quiero recordar el cansancio, las cabezadas y las fuerzas que no se de dónde saqué. Subí con la ayuda de todos aquellas empinadas montañas, llenas de enormes y puntiagudas piedras, mientras hacíamos el Vía Crucis comentado por el sacerdote. En ningún momento pensé otra cosa que en ofrecer al Señor las caminatas, tratando de participar con todos en la oración durante la ascensión.

Al día siguiente tomamos el camino al Podvdro rezando el Santo Rosario. Iguales piedras. Gran silencio y devoción por parte de todos. Seguimos avanzando hasta llegar a un lugar donde se encuentra una estatua de la Virgen que fue donada por una familia coreana, esculpida en mármol blanco de Carrara. Paramos todos a mirarla; yo, descansando en mi sillita, la contemplé con detenimiento. Deseo vivir siempre esa proximidad con mi Madre, la Reina de la Paz. La vi y me sonrió. No sé si con los ojos del alma o con mis cansados ojos, pero la vi, y me transmitió su amor; y me llenó de paz, se serenidad y de amor. Me comuniqué con ELLA sin palabras. Me dijo que mi cruz es esa que no me gusta, quizás es pequeñita, pero que a mí me parece tan grande... Pequeñita, cuando veo tanto sufrimiento, tanto dolor sin consuelo, sin esperanza.

¿Será verdad que he iniciado la segunda parte de mi vida? ¿Seré capaz de no mirar hacia atrás? Sigue siendo todo difícil para mí, pero soy consciente de que el SEÑOR y la MADRE están conmigo y me aman como soy: pequeña, desmemoriada, perezosa y tímida.

FANY, 78 años



Acabo de volver de allí, de Medjugorje, y sigo desbordado por todo lo vivido estos 15 días que han cambiado mi vida y han marcado un antes y un después, que ahora continúa y comienza a dar frutos. Creo que voy a necesitar tiempo y palabras "nuevas" para poder expresar todo lo que ha ocurrido por aquellas tierras... Siento que debo tener muchísimo cuidado con lo que escribo, porque sé que podría caer en un instante en la vanidad o en la presunción o en el error dogmático... y no me gustaría, ni tan siquiera por un instante, "manchar" el delicadísimo manto con el que la Gospa nos ha arropado a todos los que hemos pasado por allí. Y en parte debería ser sencillo, porque para transmitir lo más significativo que he vivido en Medjugorje, creo que bastan unas cuantas palabras.

La primera es la PAZ, la inmensa, amplia y luminosa sensación de Paz que se siente recorriendo esta pequeña aldea y sus montes (por cierto, la misma Paz interior que pude percibir unos días después en el santuario de Lourdes)

La segunda es el AMOR, la aplastante percepción del desbordante Amor de Dios para todos y cada uno de nosotros, que te cala de arriba a abajo y te recorre milímetro a milímetro, sin dejar lugar a dudas, de que es el mismísimo Señor el que te dirige Su mirada. Por ejemplo, durante las vigilias, donde cerca de 50.000 personas y más de 600 sacerdotes, de rodillas y en un escrupuloso y fecundo silencio, adoramos al Santísimo Sacramento expuesto en una enorme custodia.

La tercera es la TERNURA, la dulce sensación de la presencia de la Gospa, que te desarma con su tierna sonrisa, con el suave gesto de envolverte en su manto, con su delicadeza al arroparte y llevarte hacia su Hijo, todo en Ella conduce a Jesucristo y a la Iglesia. No sé el tiempo que pasé en la colina de las apariciones, arrodillado o sentado sobre esas puntiagudas piedras color tierra, rendido y llorando a los pies de nuestra Madre del Cielo.

La cuarta son los SACRAMENTOS, la necesidad de confesarte, de comulgar, de participar en la contemplación de los misterios del Santo Rosario, de saborear la Santa Misa como nunca, escuchando con devoción las lecturas y los salmos y el evangelio del día, aún con el inconveniente de los casquitos y la traducción simultánea... y la guinda de la Vigilia de Adoración.

A pesar de conocer el fenómeno Medjugorje desde hace ya unos cuantos años, de haber visto muchos vídeos y de leer libros y testimonios, el estar allí desborda por completo los sentidos. Recuerdo ahora de una forma especial la primera tarde del día 2 de agosto cuando pensé en darme una vuelta por el entorno de la Iglesia para hacer fotografías, y como me quedé, al encontrarme cara a cara con las colas de personas esperando confesarse, y ver todo a mi alrededor, debajo de cada árbol, en cada rincón, en cada sombra, o al solazo de las 4 de la tarde, a los sacerdotes con sus letreros en inglés, francés, croata, arabe...  Y ver sus caras, y sus ojos, la gente llorando, chicas y chicos jóvenes y no tan jóvenes y los mismos sacerdotes secándose las lágrimas con las mangas de sus hábitos. Lo primero que hice fue guardar la cámara y ponerme las gafas de sol, que no me pude sacar en mucho rato...

Después de la Paz, del Amor, la Ternura y los Sacramentos, tengo por aquí anotadas otras dos palabras significativas:  la LIBERTAD y la ALEGRÍA. Van asociadas a la parte final de la estancia en Medjugorje, a la subida con todo el grupo de peregrinos al Kricevac, el monte de la cruz, que supuso toda una avalancha de percepciones mezcladas con la omnipresente Paz que habita en estos lugares.
La subida al monte de la Cruz es, ya desde su base, un auténtico reto físico y mental. La simple visión de las primeras rampas con esa cantidad de piedras afiladas, te pide una clara decisión. El grupo, la comunión entre los que te acompañan, cumple su misión, y te ves enseguida sumergido en pleno esfuerzo,  aceptando el camino. Es increíble como al ver las piedras, no sabes dónde vas a colocar el pié y sin embargo a cada paso vas encontrando como un pequeño hueco por donde avanzar. La sensación es que cada piedra está colocada ahí a propósito, y cada uno tiene sus propias piedras donde tropezar y sus pequeños lugares donde reposar. Se nos pide un esfuerzo, pero no un imposible. El rezo del Vía Crucis y las meditaciones del sacerdote van llenando de sentido toda la subida.

En la cima, ante la Cruz blanca, se produce la liberación, la entrega de las cargas, las penas. Las pequeñas piedras que llevaba en las manos y bolsillos se quedaron allí, al pie de la Cruz, que mejor lugar. Poco a poco te invade la Alegría. Y si no es suficiente motivo el hecho de coronar esta cima y acercarte a la gran Cruz que llevas observando durante varios días, te la contagian los cantos y sonrisas de los demás peregrinos, son sólo unos minutillos, porque de nuevo la perspectiva de la bajada te invita a reiniciar el camino.

Al llegar abajo, en contraste con las ansias de estar, de ver, de conocer las respuestas a todas las preguntas, de entender los "por-qué" y "para-qué"... la serena respuesta de Dios, es que nos AMA y nos hace libres, y nos regala la creación entera, todo el mundo por delante, para todos y cada uno de nosotros. En un primer instante, terminada la veloz bajada, nada más pisar el camino ya asfaltado y llano que me conducía a la pensión, me di cuenta de que estaba como nuevo, que me había quedado solo y que no tenía ganas de nada que no fuera vivir y sonreír, no tenía ganas ni de rezar, ni de dar gracias.

Pero enseguida se me puso la carne de gallina, y comprendí el inmenso Amor de Dios que nos entrega todo a cambio de nada… Y en ese instante comienza en mí una gran revolución ante ese Amor sin condiciones. Nace de lo más hondo de mi el impulso que todavía llevo dentro, una nueva perspectiva de mi "relación" con el Señor, la necesidad de corresponder, de entregarme.

JOSE MARIA, 40  años

 

 

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